CONTRA LA VUELTA DE LOS NAZIS

Reproducimos por su calidad un excelente comentario de José Ignacio Lacasta-Zabalza que ha sido publicado en "Diario de Noticias" en torno a la represión al inmigrante, al diferente, tal y como sucedía en las dictaduras del pasado siglo XX. En tiempos de crisis (...) se culpa a la pertinaz sequía, al complot judeo-masónico y cuando esas dos cosas ya no se las cree nadie se culpa al inmigrante que "nos quita los empleos" y "se lleva las subvenciones públicas" que dicen algunos por aquí.


No hace falta remontarse a los nazis.


No podemos dejar de acordarnos, al leer la palabras de Lacasta, del xenófobo "contrato de integración" propuesto por el PP; esa ideología de salvaguarda de los intereses cristianos de occidente, continúa anclada en el siglo XIX y la prueba más evidente es, como recoge "Arabatik", la enmienda transaccional de Alejo Vidal-Quadras aceptada por la dirección del PP.

"La Nación española, como realidad histórica y cultural, tiene su raíz plural en los Reinos cristianos medievales, pero se basa ante todo en la herencia de la Hispania romana y visigoda común a todos ellos y en la unidad política establecida desde hace 500 años por la integración de esos Reinos en la Monarquía de España, mediante la unión de las Coronas de Castilla y Aragón y el Reino de Navarra".

Y se quedan tan frescos después de tener mezquitas en la península durante 700 años y un cementerio de gente "que miraba a la Meca" en la misma Plaza del Castillo de Pamplona-Iruña.

¿Sobre la unidad política se olvida de que Navarra fue Reyno que acuñaba moneda propia y tenía sus fronteras en el Ebro hasta 1842? ¿Puede existir una "unidad política" con varias fronteras y varias monedas que englobe a gentes con diferentes culturas y lenguas? Intentar encontrar la unidad en los tiempos de Recaredo y Recesvinto, ejemplos todos de culturas poco democráticas, es rizar el rizo hasta que se convierte en otra cosa.

Es lo que tiene haber estudiado la asignatura de "formación del espíritu nacional", que se dicen muchas tonterias franquistas y se acaba invadiendo Perejil o Irak que para eso son "infieles". Vaya oposición.


Por su parte, los del PSOE no se quedan atras y parecen escenificar la confrontación bipolar solo en tiempo de elecciones y, mientras esperamos a los siguientes comicios, entre legislaturas, se olvidan de eso de socialistas y de izquierdas y de progreso y lo mismo les votar a favor de la jornada de 65 horas o del recorte de derechos humanos que supone la ampliación de las detenciones o de dar besitos en la boca a Sanz para que les deje ser presidentas del Parlamento navarro. Vaya oposición.

Por los sindicatos no pregunte Usted; ahora están muy ocupados esperándo la paga extra por no trabajar y preparando sus vacaciones.

Por la Iglesia no me pregunte usted tampoco; estan preocupados con eso de inscribir patrimonio municipal a su nombre y no se enteran de que cuando Jesús dijo eso de "deja todo tu dinero a los pobres y sígueme" no se refería a que había que hacer una donación de todos los bienes en favor de la Iglesia. Se estaba refiriendo a otra cosa.


El artículo de José Ignacio Lacasta


Sin más preámbulos este es el artículo :

"Nicolas M. López Calera, compañero de profesión (y de muchas ideas en pro de los Derechos Humanos), ha escrito en el Ideal de Granada un excelente artículo titulado Berlín, una ciudad sin mendigos (1-6-08), que se refiere al entusiasta saludo de la prensa alemana en 1933 a la ley contra los delincuentes habituales peligrosos. En pocos meses, la Gestapo recluyó -en aplicación de esa ley- a 10.000 mendigos en centros de custodia preventiva, que se convirtieron luego en los famosos campos de concentración.

La cosa empezó vestida de medidas de seguridad contra los asociales, los excluidos y otras categorías legales que desembocaron en los parásitos del pueblo , a los cuales se añadieron pronto los judíos y comunistas, acompañados por todo el pueblo gitano.

Nada curiosamente, el Gobierno italiano de Berlusconi ha aprobado un pachetto di sicurezza , mediante el cual se considera la inmigración clandestina como un delito castigado con penas de 6 meses a 4 años.

En Italia se ha ampliado a 18 meses el tiempo máximo de reclusión en un centro de permanencia temporal para extranjeros. En España se discute si van a ser 40 días o más los que puede quedar bajo custodia un extranjero, en centros similares, antes de ser expulsado. Y en casi toda la Unión Europea se van adoptando medidas similares contra personas que ¡no han cometido ningún delito! A no ser que lo sea el de ganarse el pan duramente y donde se pueda.

Ante todo eso, Nicolás M. López Calera ha llamado la atención sobre esos centros de reclusión, que no pueden garantizar unas condiciones de salubridad mínimas ni una protección debida de los derechos fundamentales de las personas allí encerradas. Por otra parte, hay que añadir el incremento de la población penitenciaria en España (hace tiempo que se ha rebasado la tremenda cifra de 60.000 personas presas), de las cuales un tercio o más son extranjeras y personas indocumentadas.

En Alemania nazi, lo que primero se llamó seguridad se convirtió luego en defensa del pueblo ario y persecución racial (así como en el exterminio de todo discrepante). En la Italia de Berlusconi, la sicurezza ya ha desembocado en persecuciones racistas del pueblo gitano en las que, vergonzosamente, ha participado una parte de la ciudadanía autóctona (y así se ha televisado).

El miedo al diferente y la invocación de la seguridad a todas horas ha llevado al Reino Unido a aprobar la legalidad de las detenciones (¡sin cargos!) de 42 días. Todo en nombre de la sacrosanta seguridad y de la confianza solicitada por el Gobierno británico a su ciudadanía. Cierto que hay allí riesgos de terrorismo yihadista, pero tampoco son mancas las desmesuradas reacciones de los poderes públicos británicos contra las libertades de todo el mundo. Que la Cámara de los Comunes haya aprobado semejante proyecto contra el habeas corpus y las libertades individuales en el país donde nacieron, y además con un importante respaldo de la opinión pública, debería causar en nuestra sociedad una enorme preocupación.

Pero a los dos partidos principales, PP y PSOE, que ahora se acercan en esta delicada materia de la -llamémosle por su nombre- represión de la inmigración, lo que les ocupa es ponerse de acuerdo en esa infamia de la expulsión subvencionada y patrocinada por el ministro de Trabajo, así como en poner trabas a la reagrupación familiar.

Todo a tono con los tiempos europeos. No hace tanto la Unión Europea llamó la atención a Austria por incluir en su Gobierno al xenófobo Haider. Ahora, todo el mundo guarda silencio ante la presencia de la Liga Norte en el Gobierno de Berlusconi y su deleznable puesta en práctica de la -así llamada- emergencia gitana .

Casi da miedo pensar en la situación que les va a quedar a quienes no tengan papeles. En los regímenes de semiesclavitud laboral a los que van a ser sometidos. Pero esto no es una historia de puertas abiertas o cerradas, de buenos y malos, sino la constatación de una política europea de inmigración que solamente atiende a la seguridad -como los nazis en principio- y a los intereses económicos.

Hay que denunciar ese movimiento reaccionario y aquí, en Navarra, ya tardan NaBai e IU, oponiéndonos firmemente a esa indecente conciencia europea que dice -y tomo las palabras de López Calera-: "quedaos en vuestros países y moríos de hambre, o venid en pequeño número según nuestras necesidades económicas y si venís sin papeles (es decir cuando no os necesitemos), os encerraremos u os expulsaremos hasta que os muráis de desesperación y de pena".

Quiero creer que en Europa, Navarra y Euskal Herria, no estamos solos quienes pensamos que lo primero de todo es la dignidad de todas las personas y los Derechos Humanos."