PAMPLONA ENTIERRA SU HISTORIA

El Hotel "La Perla", sitado en la céntrica Plaza del Castillo de nuestra vieja Iruña, no tenía parking. Gran desgracia porque no podía conseguir la categoría de cinco estrellas. Investida con el poder de la corporación municipal la alcaldesa regionalista, Yolanda Barcina, enterada de tal injusticia, puso su imperial dedo sobre el plano de la ciudad y allí donde se posó, decidió construir un aparcamiento subterraneo.

Si ya la decisión arbitraria era ya criticable, no tardaron en ponerse las cosas más difíciles, pues empezaron a aparecer restos arqueológicos de nuestro oscuro pasado. Un profundo secreto veía la luz. Esa sacrosanta historia de nuestra invicta ciudad se tambaleaba por la presencia de un cementerio musulmán con unos 170 esqueletos enterrados mirando hacia la Meca y dando la espalda al palacio de Diputación. Aznar fruncía el ceño. Eso podía echar al traste su pacto de las Azores por acreditarse la connivencia navarra con "el eje del mal".

No acababa ahí la cosa. Aparecen además mosaicos romanos, unas termas, restos de la ciudad medieval y, agarrense que viene curva, un MENHIR de epoca desconocida algún día olvidado por Obelix o por algún pérfido vascón.

Barcina escucha atónita la relación de restos en su parking y, con el complice silencio de sus aliados socialista y el "Diario de Navarra", acalla a la ciudadanía diciendo que los restos de más valor serían conservados en un almacen municipal. Se tira casi todo. Nada tiene valor, se dice. Y testimonialmente se llevan un par de cosas a un apartado lugar lejos de las mentes inquisidoras de los periodistas. El departamento foral correspondiente constata que "no consta un inventario de las piezas conservadas, ni sus condiciones de conservación y mantenimiento".

Pasa el tiempo y ya nadie dice nada. La alcaldesa vuelve a ganar las elecciones y vuelve a gobernar con los votos socialistas. Es hora de volver a actuar. Para ayudar a sus buenos amigos constructores-especuladores y, a pesar de que en la ciudad el 20% de las viviendas estan vacías y que las urbanizaciones finalizadas hace años solo permanecen ocupadas al 45%, realiza nuevos planeamientos urbanisticos y en el foso abierto para instalar sus nuevos cimientos decide enterrar lo poco que todavía se conservaba de los restos arqueológicos de la Plaza del Castillo. Problema enterrado es un problema resuelto.


Para acabar la faena, la obra resulta ruinosa pues tras 41 recursos penales y administrativos, la adjudicación realizada por el Ayuntamiento es anulada por los juzgados, debiendo indemnizar el consistorio a la empresa adjudicataria con la friolera de 6 millones de euros. En total el costo de la obra asciende a 20 millones de euros, casi un 10% de los gastos anuales del barciayuntamiento.

El final feliz de la historia es que el hotelito ya ha consiguido sus cinco estrellas. Dia grande para Navarra y para España entera. Otra barciestupidez más de la autoproclamada candidata a suceder al pocero de Corella, Ilmo. Sr. SANZ.

2 comentarios:

Jorge dijo...

¡Qué vergüenza! Claro que a la barcina y compañís lo único que les interesa es savaguardar "su" pasado, no el de todos.

Napartarra dijo...

Deberían enterrar también su verguenza pero creo que el agujero no estan grande. Seguiremos informando, porque "no por falta de asuntos enmudeció la lira". Un saludo y que paseis buena noche.