ESPAÑA CONDENADA 17 AÑOS DESPUES.


El 15 de diciembre de 1991, Mikel Iribarren estaba participando activamente en una manifestación violenta en las calles de Pamplona y recibió en su cara el impacto de un bote de humo lanzado por la policía. Hoy día su rostro, después de decenas de operaciones, recuerda lo que pasó aquella noche y tiene reconocida una minusvalía del 37%.
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La Audiencia de Navarra en 1995, ante los intentos inútiles realizados ante el Juzgado de Instrucción, consideró suficientemente acreditado que se trataba de un delito de lesiones causado "por el disparo a escasos metros con un arma de artefactos lacrimógenos o fumígenos de los utilizados por las Fuerzas de Orden Público" pero la Policía se niega a identificar al culpable y el procedimiento penal se archiva. Aún es más el Ministerio del Interior rechaza en 1997 que se pague una indemnización al lesionado.

La Audiencia Nacional en 1998 le concede una limosna de 60.000 euros, pero ni siquiera eso fue definitivo porque finalmente el Tribunal Supremo, a pesar de quedar acreditado que un funcionario estatal había sido el causante de las lesiones, rechazó en 2003 que se indemnizase a Mikel Iribarren. El recurso de amparo presentado ante el Tribunal Constitucional fue rechazado en 2003.

Ante la notoria falta de "justicia" en todos los órganos judiciales españoles, Iribarren recurrió a las instancias europeas, lejos de los lentos, incompetentes y muy politizados jueces de estos lares.

Se ve que si uno se aleja unos miles de kilómetros de Madrid la Justicia empieza a florecer junto a las amapolas francesas y así, 17 años después, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo (TDHE)ha condenado a España a pagar 170.000 euros. Se estima que es del todo improcedente que la policía encubra al agente que realizó tal acción, que no se reconozca que los botes de humo son un riesgo para las personas y un largo etc que demuestra la total y absoluta falta de escrupulos de algunos altos cargos de las Fuerzas del orden y de la "Justicia" que padecemos.

La indemnización concedida de solo 40.000 euros por daño moral por las lesiones y padecimientos sufridos es ridícula, pero la merecida condena a España por parte del TDHE debería dar que pensar a más de uno, a pesar de que sepamos de antemano que no va a pasar absolutamente nada y que a nadie se le va a caer la cara de verguenza.

La prensa estatal, lejos de sentirse ofendida, con la intención de justificarse, solo destaca su presencia en 1994 y 1996 en las listas de una formación política que era legal en aquellas fechas. Prueba de lo anterior es que el noticiero socialista, "El País", recoge la noticia de esta manera: "El Estado indemnizará a un candidato de Batasuna: El Estado tendrá que indemnizar con 170.000 euros a Mikel Iribarren, que en 1994 fue candidato de Batasuna a las elecciones europeas" . Por su parte "La Razón", va más alla y titula "Estrasburgo condena a España a indemnizar con 170.000 euros a un manifestante proetarra"

Una cerveza con Mikel


Hace mes y medio tuve la oportunidad de hablar con Mikel, hace tiempo que quería hacerlo, pero es que la mayoría de las veces va corriendo haciendo footing por la calle y no parece el momento más adecuado para detenerle. Ideológicamente no tenemos demasiado que ver, no me gusta y además condeno lo que hacía esa noche de diciembre de 1991, pero como persona, su caso me preocupaba desde hace muchos años.

No puedo justificarle, pero si comprender algunas cosas como que tenía 18 años en 1991 y a esa edad, lleno de testosterona, con ganas de cambiar precipitadamente el mundo aunque sea a golpe de revoluciones populares y piedras, faltan muchas cosas por aprender. Años después algunos siguen sin hacerlo, otros, la inmensa mayoría, cambian.

Nos presentó un amigo, se levantó la capucha que le cubría parcialmente y, con una sonrisa, descubrió su cara desfigurada y deforme surcada de cicatrices; era fácil de imaginar el sufrimiento que había soportado todos estos años, todas las operaciones, todos los juicios, todos los recursos una y otra vez rechazados, todas las veces que se había sentido diferente y horroroso ante los demás. La mitad de su vida la ha pasado marcado a fuego por ese maldito bote de humo. Años más tarde solo la cornada de cinco centímetros de un toro en el encierro de sanfermines le dió algún disgusto.

Afortunadamente su vitalidad contagiosa y la alegría sincera de sus palabras inundaba la conversación junto a la barra del bar. Le pregunté muchas cosas que tenía en mi cabeza guardadas, me respondió regalándome las respuestas con detalle; nos acabamos la cerveza y le desee suerte con su demanda en Estrasburgo.

Hoy leo la noticia. Ha ganado y me alegro por él. Sé que este fin de semana podrá celebrarlo y que aunque nadie acuda a disculparse, que te den la razón, aunque sea 17 años después, sabe a gloria.

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