La otra “extraordinaria placidez”.


Hace no mucho el eurodiputado filofranquista Mayor Oreja calificó la dictadura franquista como una época de “extraordinaria placidez”. Otros, por su parte consideran que la placidez se vivió durante la precedente República.

Por aquello de la memoria histórica, debemos recordar que, por lo visto, da igual que exista un rey un dictador o un presidente pues, como en un combate de boxeo amañado, las bofetadas siempre las recibe siempre el mismo.

Rescatamos de la hemeroteca (...)

el ambiente que se vivía en 1934 tal y como nos ha recordado una breve reseña diaria del Diario de Navarra de 4 de septiembre de 2009 que da cuenta de lo sucedido por estos láres en septiembre de hace 75 años bajo el título “Incidentes en Gernika con los diputados vascos y catalanes".


La versión del Diario de Navarra.


El gobernador Civil de Vizcaya, al recibir a los periodistas les dijo que tras la frustrada, al menos en parte, asamblea de Zumárraga, parlamentarios vascos y catalanes marcharon en excursión por Ondárroa, Lekeitio, Pedernales Bermeo Y Génica.

En Ondarroa comenzaron a exteriorizarse signos materiales de excitación separatista producidos principalmente por los expedicionarios, que enardecían a las masas.

Añadió el Gobernador que supo que, en Pedernales, con el propósito de celebrar un banquete, se intentaba celebrar una reunión que fuera a modo de segunda asamblea. Se iniciaron unos discursos que el representante de la Autoridad prohibió.

Llegaron finalmente a Gernika, donde los expedicionarios visitaron la Casa de Juntas, produciéndose algunos incidentes. El señor Aguirre pretendió realizar un acto en el árbol de Gernika, rodeado de espatadantzaris lo que fue impedido por la fuerza pública


Como suele ser habitual en el Diario de Navarra, leyendo esto uno no se entera de casi nada, porque no les interesa mucho que nos enteremos y por ello hay que ir a los antecedentes y a otras fuentes.

En los comicios de noviembre de 1933 frente a 12 diputados del PNV, solo consiguieron escaño dos de los baluartes izquierdistas (Prieto y Azaña) ambos por la circunscripción de Bilbao. En Navarra y Álava se impusieron los carlistas.

El Estatuto, concebído como un mínimo vital para el PNV, no satisfacía a los de Gallastegui que posteriormente se escindirían. Dicho texto legal parecía más cercano pero, en Madrid pintaban bastos tras la llegada de la derecha al poder y, así ese verano de 1934, el Gobierno de la capital había legislado, en contra del concierto económico vasco sobre los impuestos municipales del vino, lo que mermaba gravemente los ingresos de los consistorios. Se añadía además que las provincias era administradas por “comisiones gestoras” nombradas a dedo y no por personas libremente elegidas por la ciudadanía (Esa práctica de la anterior dictadura de Primo de Rivera se había mantenido en las provincias vascas durante la República). Se realizaron votaciones municipales para nombrar una comisión que negociara con Madrid, lo cual fue declarado ilegal y centenares de cargos públicos fueron detenidos y 40 alcaldes y 53 concejales fueron procesados.

El que luego sería primer lehendakari refería que “Euzkadi no podía resistir con dignidad un régimen gubernativo sólo concebible para países coloniales, donde hasta los más elementales derechos de los pueblos son desconocidos”.

La "Rebelión del vino".


A pesar de ello cada pueblo eligió sus representantes citándose en Asamblea en Zumárraga para unificar criterios en defensa del Concierto Económico y la autonomía provincial que fue prohibida por el Ministro de Interior (entonces “de la Gobernación”) e impedida por el Gobernador Civil de Guipúzcoa por ser ilegal y sediciosas con efectivos de la Guardia Civil y Guardias de Asalto.

A esta reunión, producto del denominado como “pleito de los ayuntamientos vascos” o también como "la rebelión del vino", se dirigieron, en solidaridad con las reclamaciones vascas, algunos ministros de izquierdas y también 15 parlamentarios catalanes (Ese verano el PNV había abandonado el parlamento, en solidaridad con la Esquerra catalana, al ser declarada inconstitucional una ley catalana sobre cultivos. La ley, socialmente avanzada, permitía a los agricultores hacerse con la propiedad de sus tierras de cultivo, por lo que El PNV se apartó de la más conservadora “Lliga catalana”).

Las ideologías más españolistas y de derechas, pero con apariencia vasquista, como la “Unión Vascongada” y “Unión Regionalista Guipuzcoana”, reconociendo el clima de franca insurrección que se vivía, se oponían en 1934 a la firma de un “Estatuto” debido a que consideraban que sería contrario al sistema entonces vigente del “Concierto Económico”, al que calificaban como “último resto de nuestras seculares libertades foráles”. Aluden así mismo a la presunta unión de los nacionalistas con parte de las izquierdas para impulsar dicho “Estatuto”, si bien los motivos de los socialistas consistían simplemente en una maniobra para debilitar al Gobierno central de derechas y el argumento nacionalista solo les servía de excusa para armar bronca.

La versión del Gobernador.


El "Diario de Navarra", en su breve reseña antes citada, solo se refiere al final de los acontecimientos que terminan con una nota de prensa del Gobernador sobre los hechos. Obviamente el navarrero periódico omite ciertos aspectos y frases de la citada nota, y por ello hay que acudir a la hemeroteca del diario ABC que recoge la información gubernamental en un extenso artículo que narra con detalle, pese a su evidente parcialidad que, ante la avalancha de gente que apoyaba a los parlamentarios (cada parlamentario fue “custodiado” por un agente de policía), y al Gobernador no le quedó más remedio que aguantar y permitir una Asamblea cercenada, pues se impidió el acceso a los ediles municipales, dejando solo pasar a los parlamentarios y permaneciendo el propio Gobernador en persona en el interior de la reunión para dar parte de lo que se decía a los Tribunales.

Tras la vigilada asamblea los asistentes se fueron a comer a Pedernales, con presencia en el comedor de las fuerzas del orden que antes de los postres tuvieron que intervenir porque algunos comensales se disponían a dar un discurso. En el altercado, según expresa el Gobernador, se pronuncian gritos de “Gora Euzkadi askatuta”, Visca Cataluña Lliure, Viva la República vasca y muera España”, frases que parecen poner los pelos de punta al Gobernador.

Sin terminar la comida por la actuación “enérgica” de los agentes, los congregados se dirigen al cementerio de la localidad donde se encuentra enterrado Sabino Arana donde se producen “posturas ridículamente heroicas” contra la entrada en el mismo de la Policía.

Prosiguen su camino a Bermeo don de les espera un “recibimiento estupendamente preparado” impidiendo la Policía y la Guardia Civil una reunión en su Ayuntamiento. Para el acto final siguen hasta Gernika donde les esperaba un nutrido contingente de policías que impiden el acto con “cargando prudentemente con las defensas, repartiendo multitud de golpes”. A pesar de ello Aguirre pudo acceder al recito del árbol enarbolando una bandera nacionalista que por ordenes del mismísimo Gobernador le fue arrebatada por la policía, ordenándose la retirada de todas las demás que portaban las masas congregadas, teniendo que hacer la fuerza un “verdadero escarmiento”, desalojando el lugar, dice el textualmente el Gobernador. Los atestados policiales se remitirían a los Tribunales sin que se procediera a la detención de los parlamentarios por no enardecer más a las masas.

La interpretación de Pío Moa.


Por su parte actualmente el prolífico ideólogo de la ultraderecha Pío Moa (y de la COPE), que de todo tiene que opinar, echa en falta más violencia en la actuación policial y considera que “bastó con una aplicación de la Ley con un poco de energía para que la subversión retrocediese en dos ocasiones, en la huelga agraria y en la asamblea de Zumárraga. De haber sido aplicada con mayor rigor y constancia, es probable que la insurrección de octubre no hubiese llegado a estallar, evitando la guerra civil.”

Lo que no parece ver Pío Moa es que, 75 años después seguimos en las mismas, que la guerra civil y la dictadura solo fueron un paréntesis del menú independentista que ya se había estado cocinando desde principios del siglo XX, puesto que las fuerzas congregadas en torno al verano del 34 no fueron las mismas que participaron en el periodo revolucionario del otoño de ese año como posteriormente matizaremos, pero mezclar churras y merinas es práctica habitual de este personaje si es bueno para su convento.

Verano de 1934: Una fecha clave.


Lo que recalcan diversos historiadores, entre los que se cuenta J.L. de la Granja, es que 1934 supuso una separación entre el nacionalismo y la derecha católica (CEDA y Carlistas) que, a la postre, le llevaría a alinearse menos de de dos años después con el gobierno legítimo ante la insurrección golpista dela derecha. Y ello a pesar de no haber participado los nacionalistas ni su sindicato (ELA-STV) en la revolución de ese mismo octubre, que fue encabezada por los socialistas que llegaron a asesinar a sus opositores y a asaltar los cuarteles de la Guardia Civil y que se saldó con más de 2.500 detenidos en la actual CAPV (de los que solo 100 eran nacionalistas). Todos ellos, incluidos algunos condenados a muerte, fueron amnistiados en febrero de 1936 tras la victoria del Frente Popular, perdiendo el PNV tres diputados en esas elecciones.

Pese a todo el PNV apoyó a Azaña como Presidente siendo concedido el ansiado y muy breve estatuto en octubre de 1936, pronunciando Aguirre su famoso juramento ante el árbol donde en el verano de 1934 la policía le había quitado su bandera.